Hace poco leí un artículo donde un diseñador compartía su difícil experiencia al trabajar en un website que nunca generó ni la cantidad de tráfico ni la cantidad de usuarios que se esperaba.
Se la pasaba dándole vueltas a la pregunta “¿Por qué los usuarios no se están registrando?”, y empezó a explicar cada acercamiento que tuvo para dar solución al problema. Su declive inicia cuando habla de los cambios de colores que hizo en el botón de “Regístrate”, y llega a su punto más bajo cuando dice “decidimos poner en el botón ‘Registro Gratis’ pero tampoco vimos resultados”. No podía creer lo que estaba leyendo; para este punto yo ya leía su artículo tapándome la cara y viendo através de los espacios de mis dedos, como cuando alguien se tapa ante una película de terror pero en realidad no puede dejar de ver lo que está pasando.
El diseño no es Atlas. Fué increíble que durante todo su análisis se enfocara sólo en una cosa: el diseño. Para él, y para su cliente, la responsabilidad total del fracaso recaía en el diseño. Pues hay que aclarar algo para todos los clientes, diseñadores, mercadólogos y analistas de social media que piensen de la misma forma: el diseño no es Atlas; su responsabilidad no es la completa sustentabilidad de un negocio.

¿Cuál es el contenido del sitio? ¿Qué función cumple? ¿Qué ofrece para los que se registran? No puedes esperar que las personas se registren sólo por que dedicaste semanas al diseño y a la programación. Y por favor, no esperes que se registren sólo por que cambias el color del botón.
Aquí es donde hay que trabajar en conjunto con social media, marketing, redactores y cualquier otra persona involucrada en el sitio. Insisto, el diseño no es Atlas, el diseño es un D’Artagnan, es parte (escencial) de un equipo.
La meta debe ser que el contenido u ofrecimiento del sitio sea de tal calidad que el usuario quiera encontrar la forma de registrarse. Si se está buscando la manera más sutil de restregárselo en la cara entonces algo se está haciendo mal.

Se ha vendido tanto la idea sobre un diseño todopoderoso que ‘debe ser funcional’, ‘debe transmitir un mensaje’ y ‘debe persuadir al usuario’, que fácilmente se lleva este concepto a representaciones erróneas que podrían compararse con las tiras de ‘amor es…’. Tantas recetas (¡y debates!) indicando lo que un ‘buen diseño’ debe ser, terminan por volverlo sólo un mito.
Tantas recetas indicando lo que un ‘buen diseño’ debe ser, terminan por volverlo sólo un mito. En web, el mito del ‘buen diseño’ no puede estar atado al número de ventas o de usuarios registrados en el sitio. No podemos exigir en un diseño web lo mismo que en un panorámico. Los estudios sobre publicidad subliminal podrán funcionar en la calle, pero en web no existe algo como un ‘registro subliminal’. El registro se hace con conciencia, y sólo un buen contenido o un buen servicio pueden apelar al interés del usuario para llevarlo a cabo.
Y, hay que decirlo, no todas las ideas van a funcionar sólo por seguir una serie de pasos o tutoriales, o por tener un gran diseño o una inversión enorme. De igual forma que un aspirante a músico o un aspirante a actor puede nunca llegar a su meta a pesar de poner todo su esfuerzo en ello, un website puede no conectar con los usuarios suficientes para mantenerse a flote. Es así de simple. El diseño no tiene ni toda la responsabilidad en un fracaso, ni todo el mérito en un éxito.